Hay quienes luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero los hay que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles.
lunes, 22 de agosto de 2016
domingo, 13 de marzo de 2016
lunes, 4 de marzo de 2013
martes, 29 de enero de 2013
Fort Apache: ¿Un Rey frente a la guillotina de la Historia?
Interesantísimo debate (en ningún otro espacio se puede presenciar una discusión tan amplia) acerca de la situación pasada, presente y futura de la monarquía española en la que participan políticos de diferentes formaciones (Pedro Zerolo por el PSOE, Tania Sánchez por IU, Alfonso Serrano por el PP, Joan Tardá por ERC), el director general editorial de Público.es, Marià de Delàs y el profesor de Ciencia Política Juan Carlos Monedero.
miércoles, 23 de enero de 2013
sábado, 22 de diciembre de 2012
miércoles, 12 de diciembre de 2012
viernes, 28 de septiembre de 2012
A la muerte de Santiago Carrillo.
No estoy de acuerdo en muchas de sus decisiones, pero en todo caso, en la batalla política del día a día, es de ley reconocer que era uno de los nuestros.
Érase un hombre a un cigarrillo pegado, por Juan Carlos Monedero.
Santiago Carrillo ha muerto. ¿Qué Carrillo?
Nunca ha existido “un” Carrillo. Han existido tantos como personas se le cruzaron en cada uno de los momentos en los que estuvo presente. Cada cual va a su encuentro caminando por el ángulo que le resulta más cómodo. Para algunos llevaba muerto mucho tiempo. Para otros –más acertados- Carrillo no se va a morir nunca. Su cigarrillo va a humear la memoria particular de mucha gente durante mucho tiempo. Una memoria en blanco y negro. Los buenos documentales de Carrillo siempre regresaban a los tiempos en los que el color no había llegado a las pantallas.
Un monstruo sin escrúpulos y un elfo vestido de libertador con gafas de pasta; un arrojado clandestino con peluca y gabardina y un hombre a un cigarrillo pegado capaz de echarse un pitillo con el enemigo; un diablo rojo y con tridente de Stalingrado y un santo ungido con los óleos de la Inmaculada Transición. Honra a los diputados del PP que no se han levantado en la ovación que le ha brindado el Parlamento: ayuda a que nadie olvide quiénes son, especialmente ahora que se oyen voces que aúllan el encuentro, la concordia y el consenso para asumir, todos a una, el rescate y sus recortes. Los mismos diputados que se pusieron en pie cuando aprobaron la participación de España en la guerra de Irak, ahora, sentados. Los que gritan a los parados “que se jodan”. Los de la red Gürtel y los políticos sin sueldo para que vuelvan a las Cortes los Don Cayetano y Don Gabino de cuando la noche franquista. De la noche de Franco, ese que odiaba a muerte a Carrillo. El Carrillo que se hizo rojo defendiendo con la vida la República. Ángulo afilado.
Carrillo se reía de su muerte y también de la memoria que de él tendrían los españoles. ¿Cómo no se iba a reír de los que permanecieron sentados mientras la “casa de la democracia” le aplaudía? Esa casa asustada el 23F, asustada cuando el pueblo le dice cómo quiere que legislen, asustada porque nuevos republicanos quieren rodearla el 25S. ¡Todos al suelo! Bien han hecho los diputados de la extinta Alianza Popular quedándose sentado en sus sillones de madera de pino. Algunos tienen esa relación peculiar con las cosas del dios que tantas cosas les perdona. Carrillo nunca creyó en dios. Ni cuando estaba ya agazapado para darle un susto al creador en su reino. Diputados populares sentados ante la muerte de alguien a quien trataron y conocieron. Pensaba que eso estaba reservado a los que no creemos. Pero ellos…Su dios y sus jerarquías siempre autorizaron matar a Carrillo y lo que significaba. Compasión nunca han tenido. Irán a misa este domingo. A pedirle que Carrillo arda en el infierno. Allí no le faltará fuego para el tabaco.
¿Son acaso mejores los hipócritas que aplaudieron en el hemiciclo como si el finado fuera uno de los suyos? Es raro que muera un político comunista y te alabe el rey y un sindicalista, el PSOE y el PCE, Rosa Díez y Esperanza Aguirre, Llamazares y Centella, Belén Esteban y Alejandro Sanz, Felipe González y Martín Villa, Alfonso Guerra y Adolfo Suárez Jr.? ¿A qué Carrillo saludan? ¿Qué destello del rincón en el ángulo oscuro vienen a iluminar? ¿Qué reflejo del espejo miran para que no les moleste la misma persona? Nunca ha existido “un” Carrillo. Cada cual lo envuelve en la luz que le interesa. Él, mientras, sonríe envuelto en humo. El cigarro no era un bastón: era una cortina. El teatro que llevaba por dentro nunca lo ha contado.
Antes de los 60 nunca lo malditizaron. Luego, Carrillo fue el para siempre el de Paracuellos, el de las sacas, el asesino de Muñoz Seca, el responsable de la Junta de Madrid (el Madrid que resistió, a diferencia de otras capitales de Europa, tres años a los fascistas). Esa imagen de Madrid resistiendo en la antesala de la segunda guerra mundial estaba en los ojos de todos los demócratas del mundo. De Humphrey Bogart y de la madre de Ernesto Che Guevara. De Pablo Neruda y de Lázaro Cárdenas. En esa ciudad estaba Carrillo. En ese momento. Carrillo heroico en celuloide en blanco y negro tan blanco. En el mundo recuerdan a los luchadores antifascistas. En España no. En los documentales sobre Carrillo, el antifascismo no aparece. Tampoco el maquis, salvo para explicar que había infiltrados que debían ser ejecutados.
Luego, el PCE abandonó a los últimos soldados de la República que andaban por los montes y los bosques. Ya estaba Carrillo aplicando lo de la reconciliación nacional. El franquismo sabía que eso era peligroso. Lo de los 25 años de paz tenía que ser un invento en exclusiva del Caudillo. No recordar la guerra, sino celebrar la paz. Carrillo se había convertido en un problema. Hacía falta demonizarlo. Nunca fue responsable de dar la orden de ejecutar a los presos franquistas en Paracuellos. Paul Preston acaba de demostrarlo por enésima vez. Pero la derecha necesita que Carrillo sea el de Paracuellos. Creen que así se nota menos el genocidio que cometió Franco con decenas de miles de gentes honradas culpables únicamente de ser leales con la República. Contra la que se levantaron los fusilados de Paracuellos.
No será fácil determinar si esa medida, tomada en tiempos de una guerra que habían empezado los sediciosos, fue una decisión criminal (muchos de los asesinados estaban en la cárcel por ser responsables de la Quinta Columna que ametrallaba las terrazas de la capital. Las tropas franquistas estaban, además, muy cerca. El gobierno estaba roto por el golpe de Estado. Pero a diferencia de lo que hacía Franco, la República no podía fusilar sin juicio. La República no podía ser como Franco. Aquello no volvió a repetirse). Lo que sí cabe afirmar, de manera más contundente, es que fue una decisión innecesaria y estúpida. Y Carrillo no era estúpido. Pero ese sambenito le acompañó hasta el último día. Si los franquistas dicen que empezaron la guerra porque había muerto una persona –Calvo Sotelo- ¿qué no harían por los 2.500 de Paracuellos? Maldito por toda la eternidad Carrillo. Gritaban así los mismos que hoy le han aplaudido. Qué extrañas escenografías hace la política. Serás cosas del consenso.
Carrillo manejó con mano de hierro su partido. Su partido terminaría expulsándolo. Su comunismo de partido era de libro. De un libro no siempre luminoso. En blanco y negro. Duro, inclemente, de voz enronquecida. Hombre de tiempos oscuros. Nos dejó una democracia que hoy necesitamos criticar. Con una bandera que la mitad del país no siente suya. Con un rey que se fotografía con ladrones, hace negocios con el mundo árabe y sale campechano con su familia en el Hola entre bronca y golpe a su chófer. Con una ley electoral propia de una dictadura y no de una democracia. Con una judicatura franquista. Con las mismas familias del dinero con cada vez más dinero. Con una cultura política nada republicana. Sin un referéndum sobre la Constitución, sin un referéndum sobre la monarquía, sin un referéndum sobre casi nada. “Tienen todo. No les vamos a dejar el Rey también a la derecha”, me dijo una vez que le reproché su defensa de la monarquía. No tenía razón, pero su reflexiones nunca eran en vano. Un maquiavélico príncipe florentino rojo que siempre hacían pensar.
Sus coetáneos dicen que ayudó a traer la democracia. Desde generaciones posteriores, algunos pensamos que ayudó a traer una democracia demediada. Es fácil, dirán desde esa franja de edad, criticar a toro pasado aquellos años. Puede ser verdad. En una ocasión, en un almuerzo en la facultad de ciencias políticas, le dije que hiciera un penúltimo servicio a la democracia que íbamos a heredar y se pusiera al frente de la crítica a la Transición, que reconociera que no hicieron ninguna maravilla sino simplemente lo que pudieron. Lo que les dejaron. Que los vicios de la transición son los vicios de la democracia. Guardó silencio. Otros en la mesa golpearon con los tenedores los platos. Él guardó silencio. Como el silencio de los más de 120.000 republicanos asesinados y enterrados aún en zanjas, cunetas y fosas comunes. Carrillo dijo que con la ley de amnistía quedaban enterrados todos nuestros muertos. No era verdad. Una democracia asentada sobre un genocidio no es luminosa. Es sucia. Por mucho que el olvido quiera limpiar ese lecho. No hay humo en casi un siglo de cigarros para tapar ese agujero.
Hay mucha luz en esos fotogramas a los que aún les falta mucha voz. Carrillo representa la memoria del partido más glorioso en la noche infausta del franquismo. El ángulo lleno de gloria. Y la misma gloria refulge cuando la invasión de los tanques del pacto de Varsovia fue condenada por el PCE pese a ser la URSS anfitriona y soporte de los dirigentes exiliados. Carrillo es la gloria de los asesinados en Atocha y del sindicato que era “el” sindicato igual que “el” partido era el partido, de los estudiantes muertos por la policía, de la ejecución de Grimau, de los cientos de miles de años de cárcel de los militantes comunistas. Carrillo era el honor de los dignos sentado en su asiento en el Congreso de los Diputados mientras volaban las balas de Tejero durante su asonada real. Carrillo era, pese a que mandó retirarla, la bandera republicana y también esa resistencia miliciana que está en el ADN de la verdadera democracia española. Es el rostro de buena parte de lo mejor de nuestra historia reciente. No porque él fuera su actor único, sino porque le puso rostro al relato con su presencia de comunista eterno. No hay “un” Carrillo. Pero ese Carrillo de la dignidad de un pueblo es el más imperecedero. No encaja con el del relato épico de una transición hecha por reyes, políticos inventados en Alemania o franquistas reconvertidos. No todos los Carrillos son compatibles. A cada cual su humo.
Cada quién, en esta tarde que ha ido a reunirse con la tierra, el aire y el agua, va a recordar al Carrillo que más le sirva. Todo un siglo de vida le ayuda a ser como los poemas de Neruda, propiedad de aquél que los necesita. Mal vamos a cohonestar el Carrillo inclemente con el fascismo o con la cobardía con el Carrillo adulado por el PP o el PSOE. Mal cuadra el Carrillo que arengaba a defender Madrid con uñas, armas y balas, el Carrillo que señalaba a la CEDA como la antesala del fascismo con el Carrillo celebrado por Fraga, Martín Villa o Juan Carlos de Borbón. Mal se compadece el Carrillo que sabía que hacer política es jugarse el pellejo con el Carrillo de los pijos que nos gobiernan y que sólo arriesgan el dinero de la ciudadanía. Pero es pronto. Carrillo no se muere, salvo para sus amigos, salvo para sus familiares, de un día para otro. Hay Santiago para rato. Ahora que estamos perdiendo con tanta facilidad la democracia demediada que teníamos.
He visto a Santiago pasearse por los alrededores del Congreso el 25S. Menudo, con ese paso firme y tambaleante, con su gabardina, el ángulo del cigarrillo marcando un espacio imposible en la iglesia de los Jerónimos. Sonriendo pícaro. Juraría que es Carrillo. ¿Qué Carrillo?
miércoles, 6 de junio de 2012
Encuentra las diferencias…
He aquí sendas fotos, diferenciadas en 78 años. Parece que nada ha cambiado. Los mineros siguen haciendo huelgas, la fuerza que se les impone los sigue maltratando. Las fuerzas del Estado siguen defendiendo a los mismos y atacando a las clases trabajadoras. Todo lo que no sea funcional al Estado, es decir, a las clases dominantes, es susceptible de ser controlado por la fuerza. Sólo cambian los trajes.
lunes, 28 de mayo de 2012
El imperialismo hoy.
Lo que está ocurriendo en España y en algunos países de Europa no es nuevo. Se trata de una hoja de ruta que otros territorios ya recorrieron hace tiempo, tal y como reflejan libros como el que pego a continuación, donde habla, hace ya 10 años, de lo que desde hacía décadas había estado sucediendo en el sur (Sudamérica y África, sobretodo).
“Los poderes fácticos están fuera del país; depende del gobierno local idear formas de justificar la política a su pueblo. […] En pocas palabras, la oposición no disponía de ninguna alternativa a la austeridad impuesta por el FMI. por tanto, en cierto sentido no importaba quién ganase las elecciones, porque era el FMI quien iba a gobernar. Esta nueva dependencia extrema sitúa a la periferia bajo el control del centro (una especia de imperialismo informal diferente, sin la formalidad que supone la ocupación). Los hechos lo demuestran: por ejemplo, entre 1983 y 1991 más de 200000 millones de dólares fluyeron desde Latinoamérica a los fondos financieros del centro, lo que equivale a 534 dólares de cada hombre, mujer y niño desde el norte de Méjico al sur de Chile. Estas estadísticas demuestran que en la globalización el imperialismo ha dejado de existir para ser fundamentalmente ideológico.”
¿Nos debemos convencer ya de que estamos ocupados/controlados/saqueados por los amos del mundo?
Extraído de Flint, C. y Taylor, P. (2002), Geografía Política. Economía mundo, Estado-Nación y Localidad. Ed. Trama.
martes, 22 de mayo de 2012
Franco también trabajó como guionista. He aquí un fragmento de su obra “Raza”, de 1942.
La película titulada Raza, de la que podemos ver un sucinto resumen en este vídeo, está basada en la novela homónima escrita en su día por Franco. Es una buena muestra de lo pobre, simplista y cateto de gran parte del fascismo español: pese a que sí es cierto que logra transmitir los principales ideales del régimen franquista, el valor de la obra no pasa de lo representativo en relación con su contexto histórico. Precisamente es ahí, en la Historia, en el único bastión en el que puede encontrar algún refugio, dado que en cuanto se refiere a propaganda, el arte cinematográfico o el entretenimiento, carece de virtud alguna.
martes, 20 de marzo de 2012
La Pepa y el PP.
Ignacio Escolar [www.escolar.net]
Mariano Rajoy ha aprovechado que el bicentenario de la Pepa pasaba por la campaña electoral andaluza para vender sus medidas en el discurso institucional. “Los gaditanos nos enseñaron que en tiempo de crisis no solo hay que hacer reformas sino que también hay que tener valentía para hacerlas”, dice el presidente del Gobierno. Puestos a encajar paralelismos históricos con calzador, sus “reformas” se parecen mucho más al Estatuto de Bayona que a la Pepa: son recetas impuestas desde el exterior sin que pinte gran cosa el patriotismo y la soberanía nacional. Hoy es Merkel y “los mercados”, hace dos siglos fue Napoleón.
Pero la trampa argumental de Rajoy es doble. Su otro subterfugio es semántico y consiste en presentar como reformas lo que son recortes y pasos atrás; la neolengua del Partido Popular. ¿De verdad es el espíritu de la modernidad quien inspira al PP a eliminar el derecho al aborto para abandonar una ley de plazos como la que rige en casi toda Europa? ¿Es “liberal” quitar la asignatura de Educación para la Ciudadanía para agradar a la Conferencia Episcopal? ¿Qué clase de avance social pasa por limitar el derecho a la huelga, por recortar los derechos a los trabajadores o por los tijeretazos en educación y sanidad?
Con todo, ayer hubo una buena noticia que celebrar: que la derecha española y el mismísimo rey Borbón celebrasen el bicentenario de esa primera constitución española, “una de las mayores aportaciones a la cultura política universal”, según Rajoy. Escuchando tanto elogio hiperbólico, sorprende que la Pepa fracasase y apenas estuviese unos pocos años en vigor, sepultada por la Corona y por las oligarquías reaccionarias que, en el camino, hundieron a España en un nefasto siglo XIX cuyas terribles consecuencias aún no hemos terminado de pagar. Una pregunta retórica, para terminar: ¿será posible que la derecha patria reconozca la herencia democrática de la Constitución de la II República Española cuando cumpla cien años, el 9 de diciembre de 2031, o también habrá que esperar al bicentenario?
jueves, 8 de septiembre de 2011
Pildora metafórica (III): el origen del cuento de Blancanieves.
Los cuentos tradicionales están repletos de metáforas. Algunos contienen enseñanzas valiosísimas acerca de la historia de algunos Estados y naciones. Es el caso del cuento de Blancanieves, cuyo origen es altamente desconocido. Creo que merece la pena citarlo aquí porque considero que es un buen ejemplo de cómo unas metáforas en apariencia inocentes, son en realidad valiosos albergues de significado que dotan a los relatos de una importantísima carga significativa. No debemos olvidar que ello tiene una gran relevancia a la hora de elaborar los símbolos, relatos y mitos fundacionales de Estados y naciones enteros a lo largo y ancho del mundo.
El cuento de Blancanieves está poblado de metáforas; es una metáfora en sí, pues relata la historia de defensa de las tierras germanas contra el Imperio Romano. Data de la época en que el Imperio Romano trataba de expandirse por tierras germanas, en torno a la primera década de nuestra Era.
El primer símbolo que aparece en el cuento es el del espejo en el que se mira la madrastra. Espejo, traducido al alemán es Spiegel, palabra que, sin embargo, sirve para designar al mismo tiempo a otra: código. El imperio romano era portador de un código, una religión, que era diferente a la propia de las tierras germanas y que imponían en las tierras que conquistaban. Por ello, además de la violación política, militar y económica que implica toda expansión imperialista para la tierra conquistada, Roma era vista como un agente extraño y dañino – la madrastra - que trataba de entrometerse en los gloriosos destinos de la madre tierra – Blancanieves, símbolo de la limpieza y pureza de la inviolable madre patria – y matarla viciando sus tradiciones y símbolos, esto es, su religión – a través de una manzana envenenada -, que destruiría a Blancanieves desde dentro – aniquilaría su esencia -.
Ante el acoso del Imperio Romano, sólo siete provincias resistirían – simbolizadas por los siete enanitos -, a quienes la madre patria – Blancanieves – acudiría para salvarse de la persecución romana. Las siete provincias ocupaban un terreno similar al del llamado Bosque Hercínico – por ello el nombre de enanitos del bosque -, que el Imperio Romano, dado lo abrupto del terreno, tardaría mucho en explorar e intentar conquistar. Así, los siete enanitos se quedarían encargados de salvaguardar la vida de Blancanieves – la esencia de la patria germana - del peligro de la madrastra, a la espera de la llegada del Príncipe Azul – que resultaba ser Marbod, Rey de los marcómanos, que resistió y combatió a los romanos, fundando y expandiendo un Imperio al norte de Roma, por las tierras de Bohemia, el bosque Hercinio y los Alpes -.
Así, este cuento sirvió de puente cultural durante siglos para conservar los importantes conocimientos acerca del origen de los pueblos germanos sin que ello despertara las sospechas de los diversos imperios o civilizaciones que los invadieron. Este tipo de cuentos que habitan la Historia de los pueblos desempeñarían la importante tarea, asimismo, de proveer de mitos y símbolos a los relatos y discursos fundacionales de las diversas civilizaciones que se asentarían en las tierras germanas en los siglos posteriores.
viernes, 5 de agosto de 2011
Discurso de Unamuno ante Millán Astray en 1936
El 12 de octubre de 1936, día en que se celebraba la Fiesta de la Raza (hoy día de la Hispanidad), Miguel de Unamuno, entonces Rector Honorífico de la Universidad de Salamanca, pronunció estas palabras en presencia del que sería encargado de realizar las tarea de propaganda y censura durante los primeros años del franquismo, el General Millán Astray:
"Este es el templo de la inteligencia, y yo soy su sumo sacerdote. Estáis profanando su sagrado recinto. Venceréis, porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir, y para persuadir necesitaréis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece útil el pediros que penséis en España. He dicho".
Unamuno fue expulsado de la Universidad de Salamanca y desde entonces hubo de vivir bajo arresto domiciliario hasta su muerte 79 días más tarde.
Testimonio recogido por Hugh Thomas en La Guerra Civil Española.
lunes, 27 de junio de 2011
lunes, 14 de marzo de 2011
domingo, 20 de febrero de 2011
El discurso del Rey.
Esta entrada va dedicada a una de las películas que parten con mayores posibilidades para hacerse con un Óscar la próxima semana: El discurso del rey. En ella, en su escena final, podemos ver al actor Colin Firth encarnando al Rey inglés Jorge VI y leyendo un discurso en el que anunciaba la entrada en guerra de Inglaterra contra Alemania en los albores de la II Guerra Mundial. Pego aquí el audio y el texto original en inglés para aquellos que, como yo, hayan visto la película y quieran comparar y apreciar de verdad la buena representación de la misma que se ha llevado al cine. Merece la pena ir leyendo conforme se escucha el audio.
In this grave hour, perhaps the most fateful in our history, I send to every household of my peoples, both at home and overseas, this message, spoken as I were able to cross your threshold and speak to you myself.
For the second time in the lives of most of us we are at war. Over and over again we have tried to find a peaceful way out of the differences between ourselves and those who are now our enemies. But it has been in vain. We have been forced into a conflict. For we are called, with our allies, to meet the challenge of a principle which, if it were to prevail, would be fatal to any civilised order in the world.
It is the principle which permits a state, in the selfish pursuit of power, to disregard its treaties and its solemn pledges; which sanctions the use of force, or threat of force, against the sovereignty and independence of other states.
Such a principle, stripped of all its disguise, is surely the mere primitive doctrine that might is right; and if this principle were established throughout the world, the freedom of our own country and of the whole of the British Commonwealth of Nations would be in danger. But far more than this – the peoples of the world would be kept in the bondage of fear, and all hopes of settled peace and of security of justice and liberty among nations would be ended.
This is the ultimate issue which confronts us. For the sake of all that we ourselves hold dear, and of the world order and peace, it is unthinkable that we should refuse to meet the challenge.
It is to this high purpose that I now call my people at home and my peoples across the seas, who will make our cause their own. I ask them to stand calm, firm and united in this time of trial. The task will be hard. There may be dark days ahead, and war can no longer be confined to the battlefield. But we can only do the right as we see the right, and reverently commit our cause to God. If one and all we keep resolutely faithful to it, ready for whatever service or sacrifice it may demand, then, with God’s help, we shall prevail. May He bless us and keep us all.