Hay quienes luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero los hay que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles.
Si no te sale ardiendo de dentro, a pesar de todo, no lo hagas.
A no ser que salga espontáneamente de tu corazón y de tu mente y de tu boca y de tus tripas, no lo hagas.
Si tienes que sentarte durante horas con la mirada fija en la pantalla del ordenador ó clavado en tu máquina de escribir buscando las palabras, no lo hagas.
Si lo haces por dinero o fama, no lo hagas.
Si lo haces porque quieres mujeres en tu cama, no lo hagas.
Si tienes que sentarte y reescribirlo una y otra vez, no lo hagas.
Si te cansa sólo pensar en hacerlo, no lo hagas.
Si estás intentando escribir como cualquier otro, olvídalo. Si tienes que esperar a que salga rugiendo de ti, espera pacientemente. Si nunca sale rugiendo de ti, haz otra cosa.
Si primero tienes que leerlo a tu esposa ó a tu novia ó a tu novio ó a tus padres ó a cualquiera, no estás preparado.
No seas como tantos escritores, no seas como tantos miles de personas que se llaman a sí mismos escritores, no seas soso y aburrido y pretencioso, no te consumas en tu amor propio.
Las bibliotecas del mundo bostezan hasta dormirse con esa gente. No seas uno de ellos. No lo hagas.
A no ser que salga de tu alma como un cohete, a no ser que quedarte quieto pudiera llevarte a la locura, al suicidio o al asesinato, no lo hagas.
A no ser que el sol dentro de ti esté quemando tus tripas, no lo hagas.
Cuando sea verdaderamente el momento, y si has sido elegido, sucederá por sí solo y seguirá sucediendo hasta que mueras ó hasta que muera en ti. No hay otro camino. Y nunca lo hubo.
...el hombre pobre, que nunca había tenido mucho de nada, y sabía que vale más un poquitín de algo que nada de nada, cayó en la cuenta de que su sonrisa era un pequeño tesoro que le haría sentir algo menos triste, algo menos solo, algo menos apenado y algo menos cansado de la vida. Sobre todo si la compartía. Porque las sonrisas tienen algo mágico, te reconfortan, te animan y te hacen sentir mejor. Es por esto que las sonrisas son tan valiosas que no se pueden ni vender ni comprar. Se han de compartir.
Albanell, P. (2010). Una sonrisa de a poquitos, en F.Theodora, Cuentos a la orilla del sueño. 26 Sonrisas y una ilusión
La izquierda encuentra su desgracia en el hecho de que su naturaleza consiste en prepararse para la excepcionalidad, para las tempestades y las situaciones especiales, ya sea la revolución, la guerra, la crisis…
El resto del tiempo, en temporadas de normalidad, la gente se vuelve conservadora y la izquierda, entendida intelectual y electoralmente, se apaga, se diluye, se hace conservadora junto con el resto de la gente, que no vuelve a despertar hasta la siguiente situación excepcional. Los que quedan en esos momentos son meros gestores de poder, regidores del estatus quo nacido en la situación excepcional previa.
Sin embargo, es precisamente de ello de lo que se desprende la certeza de que es en los tiempos de excepcionalidad donde se hace necesario actuar y saber actuar, pues es entonces cuando podemos encontrar alguna posibilidad de realizar los cambios en las estructuras de poder que, para bien o para mal, van a gestionar posteriormente el funcionamiento de las sociedades humanas.
No se, me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible-
no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar. Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme! Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase, tan locamente, de María Luisa. ¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos?
¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo y sus miradas de pronóstico reservado? ¡María Luisa era una verdadera pluma! Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina, volaba del comedor a la despensa. Volando me preparaba el baño, la camisa. Volando realizaba sus compras, sus quehaceres...
¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando, de algún paseo por los alrededores! Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado. "¡María Luisa! ¡María Luisa!"... y a los pocos segundos, ya me abrazaba con sus piernas de pluma, para llevarme, volando, a cualquier parte.
Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia que nos aproximaba al paraíso; durante horas enteras nos anidábamos en una nube, como dos ángeles, y de repente, en tirabuzón, en hoja muerta, el aterrizaje forzoso de un espasmo. ¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera..., aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas! ¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes... la de pasarse las noches de un solo vuelo! Después de conocer una mujer etérea, ¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre?
¿Verdad que no hay diferencia sustancial entre vivir con una vaca o con una mujer que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo? Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender la seducción de una mujer pedestre, y por más empeño que ponga en concebirlo, no me es posible ni tan siquiera imaginar que pueda hacerse el amor más que volando.
Fragmento de El Espantapájaros, de Oliverio Girondo
"Sumido en su gran dolor, se convenció a sí mismo de que las palabras que había escrito sobre un ahogamiento imaginario habían causado una muerte verdadera, de que su ficción trágica había provocado una tragedia real. En consecuencia, aquel escritor de enormes dotes, aquel hombre que había nacido para escribir, juró no volver a escribir jamás. Había descubierto que las palabras mataban. Las palabras tenían la virtud de alterar la realidad y, por tanto, eran demasiado peligrosas para que pudieran confiarse a un hombre que las amaba por encima de todas las cosas.”
“Cuando la historia de un pueblo fluye dentro de su normalidad cotidiana, parece lícito que cada cual viva atento sólo a su oficio y entregado a su vocación. Pero cuando llegan tiempos de crisis profunda, en que rota o caduca toda normalidad y van a decidirse los nuevos destinos nacionales, es obligatorio para todos salirse de su profesión y ponerse sin reservas al servicio de la necesidad pública”.
Gregorio Marañón, Ramón Pérez de Ayala y José Ortega y Gasset
El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el costo de la vida, el precio de los porotos, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas.
El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales.
Este jardín baldío que será el paisaje que habitamos necesita de tu camino sin ortigas ni avisperos.
Cuánta melancolía entre el rumor de furgones policiales y de escudos, cuántas ganas de estrellar el cántaro en el suelo, abandonar el surco que lleva hasta la fuente y rodear con antorchas el palacio de otoño.
La casa está incendiándose y ellos señalan la cama sin hacer y recuperan el blanco y negro de los nodos y los cuervos.
Dónde está el poeta aquel que señale al rey desnudo, dónde las canciones y las crestas coloreadas, melodías de los clash como un adaggio nocturno de tierras subterráneo.
Nueva York sin Lorca es una estatua sin antorcha ni pasado y un registrador de la propiedad sonríe desde la tribuna y habla de una España inventada: silenciosa y silenciada.
“Quiero felicitar a los cuerpos de seguridad del estado” dices tan rubia y tan lejana, tan miércoles de ceniza y vivaespaña, tan tarde de pilates y barrio Salamanca.
Neptuno atlético, vencido, acorralado regala su tridente al indignado y así estamos rezando al dios del mar para que sople las velas de tu barco y te salve del exilio que elegiste al comer la fruta del árbol Loto.
En tu ausencia te diré que cíclopes y dioses asediaron nuestra casa que tratamos de salvar los muebles y la vida que este jardín baldío que será el paisaje que habitamos te espera con la lluvia de este otoño.
Un otoño de comienzos y bigbanes en que el mundo entero está mirando tu regreso, tus dudas, tu lamento, tu hueco en el jardín abandonado.
Ante los numerosos cierres de bibliotecas y reducción de horarios de apertura de otras tantas que el Ayuntamiento de Murcia ha venido ejecutando en los últimos tiempos, el Comando de Liberación Bibliotecaria ha hecho público un manifiesto.
Entre las primeras medidas de fuerza de este colectivo defensor de lo público, el secuestro de 500 libros. En el manifiesto amenazan con retenerlos en su poder hasta que sus exigencias sean escuchadas…