Recientemente he visto la archipromocionada última película de Alejandro Amenábar: Ágora. Al salir de la sala de cine, no podía dejar de pensar que no hemos cambiado tanto en estos siglos; los seres humanos seguimos siendo, en esencia, iguales, por lo que podemos cometer, en potencia, actos tan buenos y tan malos como los que vemos en la película.
El ágora, la plaza pública, la calle, ese lugar en que las personas dialogan y discuten, está plagado hoy en día de momentos en los que la especie humana demuestra no haber sabido, querido, o podido evolucionar desde hace 2500 años. Se nos llena la boca afirmando que somos seres civilizados, que a nuestra civilización la separan siglos de evolución moral y política en relación con otras civilizaciones. Y sin embargo, a poco que se nos cruce un cretino por la calle que nos increpe o nos saque de quicio, nos sale el bicho y sacamos el garrote para ajusticiarlo.
En ese sentido, Ágora me pareció una buena película que sabe narrar bastante bien algunos aspectos de la naturaleza humana. Aspectos que, como parte de dicha naturaleza, no son fácilmente modificables u ocultables, sino que forman parte de él como ser humano. Asimismo, el filme muestra cómo muchas de las tensiones que narra siguen hoy día dando guerra en nuestras ciudades (no hay más que ver cómo en España los cristianos salen a la calle hoy como hace 20 años y 20 siglos a protestar contra avances sociales que consideran inmorales y contrarios a la voluntad de Dios, como el aborto).
Ahora bien, creo que el personaje principal daba para más. Hypatía es filósofa, cuyo único amor es por y para el conocimiento y la verdad, pero considero que el personaje se queda demasiado plano, poco profundo (quizás en el intento de hacer a Hypatía muy profunda, se consigue el efecto contrario), y en resumen, poco creíble. Poco creíble por "poco humano", es decir, que en un mundo de hombres que se comportan como bestias, haya una persona que no sólo no se comporta como una bestia, sino que posee una fé ciega en el conocimiento hasta el punto de negar su naturaleza animal, me parece poco creíble. Hypatía parece en la película un personaje idílico, casi divino, casi impensable como ser humano. Claro que entre 6500 millones de personas, puede existir gente así. Quizás el personaje en la película está exagerado porque lo que pretendía Amenábar era poner de relieve que existen hoy en día, como entonces, personas adelantadas a su tiempo que son devoradas por su entorno social.
Como muestra de que no hemos avanzado tanto, el vídeo de abajo es muy gráfico, y es de hace sólo 30 años en un país medianamente desarrollado como España.
"Pues nuestras derrotas no prueban sino que aún somos demasiado pocos los que luchamos contra la brutalidad y esperamos que quienes nos contemplan por lo menos se avergüencen." Bertolt Brecht, Contra los objetivos