Este fantástica charla de Susan Cain trata sobre uno de los principales cleavages con los que, en mi opinión, ha de lidiar la sociedad occidental actual. En un sistema social -lógicamente, con sus escuelas e instituciones de socialización incluidas y que forman parte en su mayoría de este problema- pensado mayoritariamente para personalidades extrovertidas y donde existe una cierta tendencia crítica hacia aquellos individuos con caracteres introvertidos, ¿por qué apenas existe debate en torno a ello?
Hay quienes luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero los hay que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles.
miércoles, 12 de febrero de 2014
viernes, 7 de febrero de 2014
Reencuentro.
Aquella tarde sintió algo. Por primera vez en años sintió algo. Su cuerpo se estremeció ante sensaciones que hacía tanto que había olvidado. Se incorporó y se sentó en el borde de la cama, exhausto y calado en sudor, mientras escuchaba sus propios jadeos. El largo tiempo postrado hacía que sus músculos y su cabeza se quejaran, entumecidos, enviando señales contradictorias a su mente confusa y aletargada.
Se incorporó, se sentó en el borde de la cama y dejó caer los pies descalzos sobre el suelo. Lo encontró limpio, fresco, apreció su firmeza plana y se irguió. Avanzó dubitativo por la penumbra de la habitación, abrumado por las sensaciones en las plantas de sus pies. Los tímidos destellos del atardecer se colaban fugitivos entre las rejillas del ventanal y se estrellaban contra él, mostrando luminoso su pecho desnudo y pálido. Se observó a sí mismo en el espejo. Había adelgazado, las costillas se le insinuaban en los costados, los brazos y piernas colgaban como palillos, el pelo y la barba, desordenados, no ocultaban las ojeras excavadas durante meses de oscuridad.
Continuó avanzando por los pasillos de lo que había sido su refugio tanto tiempo. Por primera vez en meses lo veía de verdad, se veía a sí mismo de verdad incrustado en el mundo. Un mundo que había abandonado tiempo atrás y que había decidido seguir su rutina de vida sin él. Paralizado, tiznado de pena y desesperanza no había ofrecido resistencia alguna a su condena a muerte en vida.
Avanzó hacia la entrada de la casa, esquivando el viejo paragüero de mimbre donde sólo quedaba un paraguas oscuro mal conservado. Se quedó inmóvil frente a la puerta, pensativo. Sabía que sólo ella lo separaba de la vida exterior. Sintió el sudor en su frente, calor y sofoco y corrió hacia el baño, lavándose la cara compulsivamente con el agua fría que salía a presión por el grifo totalmente abierto. Se secó y se miró en el espejo. Sus ojos hundidos escrutaron el lugar en el que alguna vez hubo una mirada directa, cercana, sincera. Había estado ausente, secuestrada o escondida tanto tiempo que ya no recordaba cómo era; en un instante fue consciente de que había olvidado cómo miraba al mundo antes de perderse. Y en consecuencia también cómo el mundo lo miraba a él.
Y en un instante dejó de mentirse. Como un cuerpo que recibe un alma nueva tras años buscándola. Como la visión fugaz de un recuerdo conmovedor en un momento insospechado. Aquella tarde le sirvió como preludio del reencuentro con las emociones perdidas, con la consciencia de su entorno, con la identidad sustraída.
-----------------------------------------
lunes, 20 de enero de 2014
lunes, 13 de enero de 2014
Este vídeo sí me representa.
Dedicado a todos los que se sienten insultados por anuncios como el de Campofrío, que frivolizan con temas sensibles que causan dolor a tantos jóvenes –y no tan jóvenes- en España.
jueves, 9 de enero de 2014
Vuelvo a Madrid.
Fin de vacaciones, ¡por fin! Recapacito y libero pensamientos en mi asiento del tren, mirando hacia lo más lejos que me permite la ya escasa luz del atardecer.
Vuelvo a mi vida, en una ciudad enorme de calles grises, rebaños de coches humeantes, de alcobas frías en invierno, de porra y café matutino en el bar de la esquina, lugar de batallas perdidas hechas leyenda en la boca de algunos ancianos que saben de Historia.
Recuerdo ahora algunas experiencias que viví en Madrid, con largas temporadas de soledad en los primeros tiempos tras mi llegada, mi esperanza e inocencia entonces no desvirgada que me convencía de que la lucha política tenía sentido, muestra de esa feliz ignorancia de lo que se nos vendría encima años más tarde.
También vuelvo a ese Madrid infinito de contradicciones, de miradas amigas y enemigas, de vecinos ruidosos pero amables –campechanos se dice ahora-, de agradables sorpresas en cualquier esquina, de espinas escondidas en callejones sin salida. La ciudad donde el verano te ahoga, te asfixia, y más tarde politicuchos de baja talla moral nos desprecian y nos desnudan en el peor invierno. Madrid, esa gran ciudad donde de rojo ya no quedan ni los autobuses ni sus dueños y todos parecemos de vuelta de todo, como desvelados de nuestros sueños.
Vuelvo a mi vida de soltero incomprendido, al amor y odio de mis noches, a mi obsesivo empeño por buscarte antes de que salga el sol... y alguien me pregunté por mí mismo y no sepa responder.
Comienza el año en la urbe que junta el cielo con el infierno, territorio comanche capaz de esconder lo mejor y lo peor. Ciudad en que, al final, uno ha de aceptar que se halla a expensas de lo que el azar le tenga reservado y sólo es dueño de su actitud para encajar y devolver los golpes. Casi como cualquier otro lugar, o no.
Buena suerte.
martes, 24 de diciembre de 2013
martes, 10 de diciembre de 2013
Precariedad everywhere.
Precariedad es el nuevo nombre de la civilización europea. España, siguiendo sus preceptos fundacionales, no duda en adherirse a esa tendencia que se empeña en quemar los logros de tantas décadas de trabajo, sudor y lágrimas de nuestros antepasados. No dejo de pensar: si mi abuelo levantara la cabeza…
Mientras las élites mundiales hinchan sus bolsillos con la permisividad interesada, tosca y desvergonzada de sus voceros nacionales –nuestros gobernantes-, la miseria rezuma y comienza a colmatar, gota a gota, desde los rincones de las grandes urbes hasta los campos trillados de las aldeas, como si un fango venenoso amenazara con ahogar cada día a más personas, paralizadas entre la memoria de un pasado mejor y el shock causado por el estruendo del presente.
La obstinación en el injusto recorte de trozos de humanidad conquistada a base de esfuerzo, la dolorosa falta de justicia, el laxo sentido de responsabilidad de los poderosos y la impunidad de tantos delincuentes de gomina y corbata arrastra al incauto pertinaz al mundo de la precariedad.
Precariedad monetaria, precariedad intelectual, precariedad emocional, precariedad ética. Precariedad por doquiera que mires, que leas, que escuches, que toques, que sientas. Precariedad y dolor es lo único que perciben los sentidos del incauto aventurero que, pese a todo, no inca la rodilla y se declara en rebeldía contra la mediocridad que todo lo tizna.
¡Que la locura de su atrevimiento no se vea cortada! ¡Que los cuerdos de atar no le convenzan jamás de entregarse a la resignación! ¡Que la decepcionante inmediatez no embriague la lucidez del viajero perseverante! Que ese viajero no esté nunca de regreso. Que mantenga la curiosidad y la ilusión por vencer en las batallas en las que lucha desde hace tanto. Que nada lo venza ni lo detenga. Resistencia es lo único que le queda.
Resistencia para mirar más allá de su horizonte precario. O estaremos perdidos.