miércoles, 16 de abril de 2008

Luego vinieron a buscar a José Couso

Belén Gopegui
cubadebate.cu

Dicen que en enero de 1946, los representantes de una Iglesia protestante se reunieron en Frankfort para debatir su reconstitución. Entre todos los pastores que hablaron, cuentan que uno empezó su discurso detallando las excusas que durante un tiempo él mismo había dado para no alzar la voz frente a Hitler: “Sí, Hitler atacó a los comunistas, pero ¿no eran ateos y revolucionarios? Y sí, aniquiló a los incapacitados y los enfermos, pero ¿no eran una carga para la sociedad? Y claro, apresar y matar a los judíos era deplorable, pero ¿los judíos no son cristianos, a qué no? Y lo que hacía en los países invadidos era vergonzoso, pero por lo menos no lo hacía en Alemania”. Luego aquel pastor añadió: “Ninguna excusa justifica nuestro silencio. Claramente no somos inocentes y me pregunto una y otra vez: ¿qué habría pasado si en el año 1933 ó 34 todas las comunidades protestantes de Alemania hubieran defendido la verdad hasta la muerte? Si hubiéramos dicho: “No es correcto que Hermann Göring meta en campos de concentración a cien mil comunistas para que mueran”. Puedo imaginar que tal vez treinta o cuarenta mil cristianos protestantes habrían muerto, pero también puedo imaginar que habríamos salvado a treinta o cuarenta millones de personas, porque eso es lo que el silencio nos costó".

Hoy todo el mundo conoce las palabras de Martin Niemoller, que han tomado la forma de una canción o un poema:

"Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo
no era comunista.

Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío.

Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista.

Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante.

Luego vinieron por mí pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada".

Sin embargo, hoy seguimos dándonos excusas: “Ya se sabe”, se oye decir, “que el nazismo fue algo especial. Y al fin y al cabo Iraq no es Europa. Y el bloqueo y después la guerra aunque han matado mucho, no han matado tanto como Hitler. Y el petróleo es necesario para que anden los automóviles, ¿a qué sí? Y matar a eso que llaman fundamentalistas no debe de ser tan grave como matar socialdemócratas. Además, ¿no lo recuerdan? Hicimos una manifestación incluso dos, o tres. Y nuestro gobierno retiró las tropas. ¿Eso ya es bastante, no?”

Pero no es bastante, y lo sabemos. Sabemos que Martin Niemoller podría acercarse ahora al micrófono, mirarnos con tristeza y repetir: “Claramente no somos inocentes” . Y tal vez añadiría: “Si todas las comunidades de Europa, comunidades de cualquier clase, de vecinos, de comunistas, de cristianos, de socialistas, de ecologistas, de feministas, de sindicalistas, de cualquier clase, hubiéramos defendido la verdad hasta el final. Si hubiéramos dicho no es correcto que se mate a civiles en Iraq, si lo hubiéramos dicho no en una manifestación o en dos sino cada día y cada semana y en cada tribuna y en cada lugar de trabajo y en cada tribunal de justicia, entonces habríamos evitado tanta destrucción y tantas muertes”.

Quienes estamos aquí, hermanos, amigos, compañeros de José Couso, y personas que nunca le conocimos, formamos parte de una comunidad. Admiramos la capacidad de sus familiares para seguir luchando, para unir su reclamación a muchas otras causas diferentes y saber que todas son la misma, que donde una persona cae, caemos todas con ella. Quienes estamos aquí sabemos que no es correcto atacar y matar a un periodista desarmado, a ningún civil. Y aunque parezca que estamos quietos, no lo estamos. Porque sabemos algo más, algo que quienes invaden países impunemente olvidan a menudo:

Sabemos que la diferencia entre un juez justo y mil jueces justos no es tanta. La diferencia entre un profesor de instituto que lleva a los hermanos de José Couso a hablarle a los alumnos, y cinco mil profesores llevando a sus clases la misma lucha no es tanta. Ni lo es la diferencia entre un periodista que recuerda y diez mil periodistas que recuerdan y un día vendrán aquí. Quizá ahora seamos quinientas personas dando vida a los cinco años de ausencia de José Couso. La diferencia con quinientas mil no es tanta. Ni con cinco millones. Porque no estamos quietos. Estamos sumando. Cada día, en nuestros trabajos, en nuestras conversaciones, sumamos voces y causas y somos más cada vez. Llevamos dentro el hotel Palestina como quien lleva un cuerpo en gestación. Y nos reconocemos y nos apoyamos y nos atrevemos a continuar el poema de Niemöller :

Luego vinieron a buscar a José Couso, entonces dijimos: no tenéis derecho, ni legitimidad, y aunque ahora os lo llevéis, y aunque lo hayáis asesinado, nuestra lucha os seguirá a vosotros y a vuestros cómplices.

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